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Las creencias en el proceso de Coaching

Las creencias en el proceso de Coaching

“Nada te ata, excepto tus pensamientos. Nada te limita, excepto tus miedos. Nada te controla, excepto tus creencias” (Marianne Williamson)

El Poder de las Creencias (Las creencias en el proceso de coaching)

 

El Coaching como práctica terapéutica (no psicológica) educacional, es importante para reprogramar nuestro sistema de creencias y ayudarnos a sacar a la luz cada parte de aquello con lo que se crearon dichas creencias (pensamientos, ideas, declaraciones dichas por otros, juicios, afirmaciones y todo aquello a lo que se le da valor en la vida).

Teniendo en cuenta que el coaching es una disciplina nueva que se sustenta en una mirada del ser humano muy particular, especialmente en la variante del “coaching ontológico” (según nos dice Rafael Echeverria, uno de los creadores). Ontológico porque se basa en una concepción del ser humano y de cómo éste construye realidad, cómo construye el mundo, tratando de encarar experiencias de aprendizajes profundos en aquellas áreas en donde siente que se atasca, o que no es capaz de cumplir sus aspiraciones y sueños.

Pero, si pensabas que hablar de las creencias era un área reservada a la psiquiatría o la psicología, o incluso a la religión, estás en lo cierto, ya que hasta no hace mucho tiempo eran los espacios donde se trataba el tema y se conducía a determinados lineamientos de pensamiento a las personas que lo requerían para ser asistidas, ya sea ante un sacerdote, pastor o rabino, o que eligiese o no, ya que algunas fueron obligadas, a pasar por la experiencia de la terapia en el ámbito de la salud mental. Pero, con la aparición de nuevas prácticas alternativas y/o complementarias para tratar el comportamiento humano, como es el caso del Coaching Ontológico que se encarga de observar al Ser Humano desde sus 3 dominios básicos: cuerpo, emoción y lenguaje, se amplió el marco para aprender a Ser en el mundo, ya que el dominio del lenguaje posibilita, por ejemplo, revisar lo que pensamos, lo que sentimos según el pensamiento y las acciones disponibles que éstas dos prácticas nos permitirán.

En uno de sus postulados, la Ontología del lenguaje nos dice que:

“Interpreta al lenguaje como generativo. El lenguaje no tan sólo describe realidad, el lenguaje crea realidad.”

El lenguaje es acción, a través de él hacemos que las cosas pasen, Ejemplo:

  1. Ahorraré 100 U$S por mes para hacer un viaje al extranjero
  2. No soy capaz, no voy a poder hacer lo que me pides.

Al decir lo que decimos o no decimos en nuestras relaciones, abrimos o cerramos posibilidades para nosotros, para otros y con ello para las relaciones.

Debemos tener en cuenta entonces que, al reconocer como generador de acción al lenguaje, la Ontología también nos muestra que en la repetición de las declaraciones que usamos para referirnos a la creación de una nueva realidad, es bastante común usar juicios para valorar una situación, tanto negativos como positivos y cómo al repetirlos como verdades, a veces sin validar, ni fundamentar su existencia, se terminarán convirtiendo en una creencia. Es así que el postulado nos muestra como el lenguaje usado sin el conocimiento adecuado puede llegar a ser desfavorable para la búsqueda de los cambios que necesitamos llevar a la acción para obtener los resultados deseados.

Entonces, ¿Qué es una creencia? Es una idea memorizada acerca de cómo es el mundo y cómo debemos actuar en él. Es una repetición, generalmente, sin análisis de una declaración que valora las acciones del pasado y que fueron dichas por personas a las cuales les otorgábamos toda autoridad desde pequeños en nuestra vida.

Las limitaciones, complejos y miedos de quienes nos educaron están presente en nosotros y las oiremos mientras vamos creciendo y desarrollando nuestra personalidad.

Es así que las creencias pasan a ser sentencias que dictan una verdad considerada absoluta y que regirá nuestro comportamiento a lo largo de toda nuestra vida como si de una Ley se tratase.

Las creencias abarcan lo que está bien, lo que está mal, lo que debería ser, el cómo debemos comportarnos, en qué debemos creer religiosa y moralmente, lo que es el amor, lo que es la felicidad, lo que es la paz, cuál es el camino profesional que debemos tomar para ser exitosos, cuáles tienen que ser las preferencias sexuales y las normas sociales que debemos seguir para ser valorados en una sociedad, entre tantas.

Generalmente ni siquiera somos conscientes de los pensamientos que tenemos acerca de lo que nos rodea, ni cuestionamos si las opiniones que tenemos son realmente nuestras o son heredadas del ambiente; las hemos integrado de tal manera que no nos damos cuenta y eso es justo lo que nos frena a la hora de avanzar y hacer cambios en nuestra vida.

Esto nos convierte en el reflejo del ambiente y el lugar donde hemos crecido. Estamos influenciados por nuestros padres, hermanos, abuelos, profesores, amigos, parejas, hijos, vecinos y compañeros de trabajo, e incluso por los medios de comunicación y la cultura y son esas enseñanzas que se quedaron grabadas en nuestra mente las que ahora nos hacen reaccionar automáticamente ante diversas situaciones de la vida.

 

 

Las creencias no son buenas, ni malas. Podemos decir que son funcionales (te acercan al objetivo) o disfuncionales (te alejan del objetivo) y que sin importar los resultados que tengas, tu vida se convertirá en aquello que creas. Si piensas que pueden hacerte daño porque en el pasado te hicieron daño, es probable que, al repetirte esta declaración, no te permitas crear una nueva relación porque la desconfianza estará presente aportando “verdad” a tus recuerdos, a tu pasado o a lo que sea que valores como verdad en tu evolución.

A estas creencias les llamamos Creencias Limitantes y las podemos asociar a un “dolor sufrido”

  • Por lo que hice: que si no se trasciende se acompaña de miedo y culpa
  • Por lo que me hicieron: que si no se perdona y acepta se genera resentimiento por rencor y miedo

Como podrás observar, ya sea que te culpes o culpes a otros de tus acciones consientes o inconscientes, la mirada está puesta en el pasado y la escucha comprometida con las voces de quienes te animaron a pensar y terminar creyendo que “las cosas son así”. No somos libres porque estamos condicionados por lo que hemos visto, oído, sentido y vivido y preferimos continuar con esa manera repetida, aprendida y cómoda que ya dio sus resultados y no siempre fueron tan malos.

Queremos, entonces, revalorizar la “Libertad”, tanto como juicio y como emoción, que al faltarnos en nuestra programación mental nos posiciona como seres débiles y “domesticados” (en el decir del Dr. Miguel Ruiz) o dormidos. Según el libro de los 4 acuerdos escrito por el Dr. Ruiz, fuimos domesticados al ser pequeños y a depender de que nuestros mayores pusieran nombre a las cosas, sentido a las situaciones y sentencia o valoración a las acciones. De esta manera ellos nos ayudaban a crecer creyendo ciegamente en sus palabras y a cambio nosotros obedecíamos para hacer de la estructura de la vida familiar un espacio libre de dificultades. Pero, también es cierto que, sin sus normas y acuerdos, la pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué seríamos sin nuestra historia?

Hablar de libertad es hablar de un deseo permanente en el ser humano, que lo acompaña a lo largo de toda su existencia en la búsqueda de la experiencia plena de la identidad. Aunque no parezca posible liberarse totalmente de aquellos patrones que lo predisponen a una cierta manera de percibir, analizar y accionar, según los límites de la estructura de su personalidad, también es cierto que cualquier persona que decida cambiar los paradigmas en los que aprendió todo su sistema de creencias, con conocimiento y práctica lo puede lograr.

Cuando hablamos de Libertad, lo hacemos en el sentido de ser responsables de pensar, sentir y hacer lo que queremos, cuando lo queremos, teniendo en cuenta la capacidad de elegir entre varias opciones, sin restricciones externas y sin imposiciones. Además, con ello no proponemos olvidarnos del pasado en el que aprendimos, sino, más bien poder aprender a recordarlo con una mirada compasiva, para cambiar lo que necesitamos.

En el proceso de coaching, proponemos transformar las creencias que nos limitan y no nos son funcionales en la visión de vida a la que aspiramos, teniendo en cuenta la “reflexión” como reveladora del autodescubrimiento para conocernos más profundamente. Esta es la principal acción que deberá hacer la persona que requiere cambios, ya que si no sabe qué es lo que NO le permite avanzar o cuáles son las creencias que lo limitan, no podrá ver al cambio como posibilidad y de manera automática volverá a lo conocido, a los viejos patrones con los que creció que, como dijimos anteriormente, también le dieron resultados.

En este espacio del proceso de coaching, deberemos tener en cuenta la transparencia en la que la persona viene al mismo, observándola desde la escucha limpia de nuestras propias creencias como profesionales, para poder llevar un poco de luz y dar paso a la reflexión y el reconocimiento de sus propias creencias.

Es fundamental que en el tratamiento de las creencias se valore el espacio/tiempo en el que se crearon, ya que hay un “para qué” de su creación que en su momento fue funcional a los objetivos propuestos de cada persona. Es importante tener en cuenta que no se recomienda confrontar con ese pasado que, aunque ahora mismo nos limita para vivir mejor, es parte de quienes fuimos y el por qué nos trajo hasta aquí.

Trabajar las creencias, es un proceso dentro del proceso de coaching en cada sesión y si se logra un compromiso con una “Visión” clara de para qué queremos entrar en ese terreno y transformar (es decir, cambiar las formas) lo conocido y cómodo en nuevo e incómodo, será el principio del camino a recorrer para vivir en libertad la vida deseada.

 

Yaqueline Heredia

Coach Ontológico Profesional

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